Tierra Nativa | Tierra Nativa
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Tierra Nativa

Este proyecto, TIERRA NATIVA.

 

Este camino, SENTIDO DE LO NATURAL.

 

Está hecho más que del paso de los años, o experiencias, del paso de sueños que se resistieron a esfumarse en las rutinas necesarias, en la urgencia de lo inmediato; se quedaron y se convirtieron en una manera de ver, de sentir, de pensar, de respirar, de ser. En medio de lo que no era, de lo que no estaba y no obstante permanecía, se volvieron una aspiración, UN DESTINO, UNA MISIÓN.

 

De pequeña quería llegar a ser maestra en medio de la naturaleza, bajo los árboles, bajo el cielo estrellado; al pie del lago, de la montaña o en medio de la selva; vívidas imágenes se recreaban en mis fantasías de manera silenciosa y natural; eran para mí tan ciertas como el desayuno, como los 10 hermanos que revoloteaban en la pequeña casa donde vivíamos con papá y mamá. Mamá pintaba paisajes en los que me sumergía como en la más vívida realidad, cuando me enseñaba a declamar mientras pelaba papas en la cocina, donde apenas un bombillo alumbraba las paredes amarillas, o en las tardes cuando aplanchaba y olía a calor limpio, a esperanza y humildad.

 

Papá tocaba violín al llegar a casa y también nos contaba historias fantásticas o ciertas, siempre las mismas, que con el mismo asombro y contento recibíamos cada tarde en círculo alrededor de él.

 

10 hermanos, 10 entrenadores del ser y del conceder, del equilibrio entre ser grande y pequeña, era la de la mitad.

 

Cada año, con un tío o con algún hermano mayor, visitaba a la abuela paterna que vivía en una casa muy grande en la esquina de la plaza principal de un pueblo; era muy lejos, nos demorábamos medio día en llegar (ahora sólo 2 horas bastan). La paz de las anchas tapias y de los altos techos era buena para estar conmigo; el tañir de las campanas de la iglesia a las 5 de la mañana despertaba alegremente mi naturaleza de niña, con apenas las palabras precisas y suaves de la abuela. Su silencio reverente, sus cuidados justos, ni mucho, ni poco, me daban libertad.

 

El río, las montañas, la cúpula alta de la iglesia, las nubes; la mezcla de olores de leña, guayaba, panela, aire húmedo y fresco de árboles y pasto; el sonido del paso de los caballos sobre el empedrado de las calles, el murmullo del viento en los yerbales en las tardes cálidas y luminosas; el caminar de la abuela al ritmo natural de las cosas de la casa, el del pueblo entre el alba y el anochecer.

 

Todo esto fueron señales, como un alfabeto, para aprender a EN -SEÑAR como yo quería enseñar.

 

Cincuenta años han madurado los sueños: distracción y reencuentro, crisis y oportunidad, frustración y revelación. Ya vislumbro el camino, el sentido de lo natural, como quien ve su casa en la cima de la montaña al final de la tarde, con alegría, esperanza y un extraño, por lo suave, coraje: NO HAY VUELTA ATRÁS.

 

Luz Ángela Carvajal

 

 

Luz Ángela Carvajal
3 Comentarios
  • Gloria Giraldo
    Responder

    Me late el corazón, me llevas y me traes en el tiempo con este relato tan bien contado! Que imágenes tan poderosas y verdaderas!
    Siempre he sentido tu compañía silenciosa, humanamente cálida, siempre atenta. ….. En fin, cualidades para EN – SEÑAR.
    Como siempre gracias por compartir tu sueño y hacerlo realidad.

    Octubre 19, 2016 at 11:28 pm
  • Margarita Pineda Pineda
    Responder

    Simplemente hermoso e inspirador para caminar este camino del SENTIDO DE LO NATURAL. Gracias Luz Ángela por tanto amor y tanta esperanza!

    Mayo 23, 2017 at 3:12 pm
  • Lucy
    Responder

    La transparencia de palabras en un cálido vivir la familia dejando huella para dejar y transmitir a los demás ; gracias!

    Septiembre 5, 2017 at 10:37 am

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